jueves, 13 de julio de 2017

Breve que te quiero breve


Verdad y media. 300 aforismos
Antología de aforismos españoles del S. XXI (2001-2016)
Selección de León Molina
La Isla de Siltolá, Sevilla, 2017

 En estos últimos años, la presencia de libros de aforismos en las librerías ha ido en aumento. Muchas editoriales (Renacimiento, Cuadernos de Vigía, Tusquets, Devenir…) han decidido apostar por este género porque hay autores contemporáneos que dedican su tiempo a escribir aforismos y tienen muchos seguidores en los medios sociales. La mayoría de ellos son a su vez lectores habituales del género, como el poeta cubano León Molina (San José de las Lajas, Habana, Cuba 1959), quien en Verdad y media reúne los aforismos de más de ochenta autores. Este  libro es una selección de Verdad y media. Antología de aforismos españoles del siglo XXI (2001-2016), publicada en la misma editorial, antología mucho más extensa.
Esta antología de una antología más extensa agrupa a aforistas contemporáneos, a muchos de los cuales podemos seguir en las redes sociales. Pienso en Andrés Neuman, Antonio Rivero Taravillo, Erika Martínez, José Luis García Martín, Lorenzo Oliván, etc. Ellos regalan al lector aforismos casi diariamente.
Sin duda, se trata de un libro que incluye a los mejores aforistas de hoy. La sabiduría de estos aforismos toca temas de arte, crítica literaria, filosofía (pienso en Manuel Neila), moral, ciencia (conocidos son los aforismos de Jorge Wagensberg), incluso los temas más cotidianos. El uso de la ironía es frecuente, y el lector lo agradece. En fin, los temas más variados se pueden encontrar en esta hermosa edición que cabe perfectamente en el bolsillo del lector.
Quizá falte una nota breve nota biográfica de cada aforista, algunos de ellos desconocidos. Supongo, que el lector lo puede googlear si descubre algún autor que le interesa especialmente.
Cada lector podrá encontrar el aforismo que le llegue y que le invite a continuar hasta llegar al final y sentir que aún tiene ganas de seguir. Y es que la riqueza de estos aforismos radica en la capacidad de hacernos reflexionar sobre el lenguaje, el hombre, la literatura y la vida misma, sin dejar de cautivarnos.
Termino con algunos ejemplos. Luis Arturo Guichard: «La próxima vez que alguien me hable de la grandeza en la derrota voy a apalearlo hasta que se sienta inmenso». Rafael del Hierro: «Si el placer es la salud del cuerpo, la alegría es la salvación del pensamiento». Miguel Ángel Arcas: «Se equivocan quienes piensan que lo real no hay que inventarlo». Karlos Linazasoro: «El desterrado posee más tierra que el tirano». Gabriel Insausti: «Puede que el matrimonio sea un error. Lo importante es que los dos cometan el mismo error». Karmelo C. Iribarren: «Frente al amor eres un niño con una espada de juguete».

 

                           [Reseña publicada en la revista Clarín, nº 129]

miércoles, 14 de junio de 2017

Entrevista

La semana pasada me hicieron una entrevista en la Corredoriasuena. Aquí el enlace donde se puede descargar:

lunes, 12 de junio de 2017

Un poema al Mariscal

Salvador Cabañas 
 
Tintinea una bala en su cabeza. 
Los vítores flamean en las gradas, 
si el 10, el número que va en su espalda, 
le inspira una jugada, una gambeta, 
 
un caño, un centro de la muerte. Reza 
el público contrario, pero avanza 
la pelota en el aire, como bala 
que viene del infierno, llega al área. 
 
La duerme con el pecho y con el diestro 
la pasa Santacruz a Salvador 
que de nuevo la amaga y va de dos; 
 
baila con el balón frente al arquero, 
que sabe que llegó su hora. Que el Gol 
quema huevos si lo mete Salvador. 

 

miércoles, 31 de mayo de 2017

La poesía de Miguel Luis Álvarez


Mar hueco y otros poemas
Miguel Luis Álvarez
Ediciones Camelot, Oviedo, 2017

          Algunos lectores lo único que buscan al leer un libro de poemas es perderse, simplemente dejarse llevar por la lectura. Que la voz del poeta les sugiera un nuevo mundo, con paisajes extraños y vagos, que al cerrar el libro solo queden en la memoria espejismos que en el fondo se parezca a los que él tiene en su interior. Quieren ver algo nuevo, raro, donde la palabra trate de describir el color de la herida, por ejemplo, «el color espiral», «el color solitario», etc., como lo hace Miguel Luis Álvarez (Blimea, 1988) en este su primer libro que no trata de ser original. Lo que pretende es hablar de lo que hablamos todos los días, pero de una manera distinta. Ya se sabe que en literatura, y sobre todo en poesía, lo original no existe. Y como casi todos los poetas, Miguel Luis Álvarez tampoco puede evitar hablar del tiempo que devora al hombre y que al final solo deja restos de lo que somos («Las edades»). Incluso llega a negar que exista un día original («El color espiral»). Para él, al final todos somos copia de otros. Su poesía, aunque nos parezca que suene rara, simbolista tal vez, incluso onírica en algunos pasajes, en el fondo es una poesía clara, todo eso solo son camuflajes. Es una poesía que nos llega y que nos impresiona porque nos habla de temas que importan a la mayoría.
          Aunque Miguel Luis Álvarez no cita (como suelen hacer los autores en sus primeros libros) algunos versos de los poetas que admira, en Mar hueco se percibe sin duda el eco de los poetas vanguardistas. Por ejemplo, el poema «Espectro» («Escapé a través del espectro de la luz. / Me agarré al color / como si agarrase una barra de autobús. / Los colores me rodearon, / estaban disfrazados de pájaros») nos recuerda la trayectoria descendente del Altazor de Huidobro. Algo parecido sucede en el poema «Mar hueco», solo que aquí se refiere a una ascensión desde el mar.
          Miguel Luis Álvarez nos cuenta el mundo que ve desde otro ángulo en que los paisajes en el que nos perdemos cada día parecen distorsionarse, pero que no dejan de reflejar el mundo nuestro. Vale la pena dejarse llevar por este poeta, que sigue buscando la mirada del lector, del mundo, quizá su propia mirada en los demás:

          Se buscan: Ojos tristes. No es necesaria
          garantía de tristeza
           ni felicidad.
          No importa el color. 

 

domingo, 9 de abril de 2017

Raquel Lanseros: la poesía que atrapa el tiempo


Oportuna y necesaria se hacía la publicación de la poesía completa de la española Raquel Lanseros (Jérez de la Frontera, 1973). Esta momentánea eternidad (Visor, 2016) recupera poemas de libros hoy difícil de conseguir, como Leyendas del promontorio. Raquel Lanseros es una poeta cuya voz  ha ido llegando cada vez a más lectores (tanto españoles como americanos) y cuyo eco lírico parece que viene a quedarse. Tal como lo explica la propia autora en el prólogo –que es una pequeña poética–, Esta momentánea eternidad nos ofrece una panorámica de lo que la poeta ha ido publicando en los últimos once años (2005-2016) y como yapa [propina] incluye algunos poemas inéditos. Años prolíficos, que han dado su fruto, con algunos poemas que describen un largo recorrido por la vida y la poesía, que acaso significan la misma cosa para Lanseros.  Su poesía busca sobrevivir al olvido. Por eso reflexiona sobre el paso del tiempo, utilizando a veces la imagen de las ruinas, ese rastro de los días que nunca pasa de moda: “Las ruinas se aparecen a un corazón humano / en su modo cambiante de reflejar el tiempo”. El optimismo y la inocencia ante el mundo como poética, mejor dicho como filosofía, como una manera de vivir (véase “Invocación”). Otro tema relevante en la visión poética de Lanseros es la de usar su voz en favor de la mujer (“Doña Juana”), para repudiar el trato injusto de la sociedad. En muchos de sus poemas de Los ojos de la niebla a quien se describe es una mujer. Lo autobiográfico, lo cotidiano, los problemas sociales, las referencias a los versos de otros poetas, enriquecen el mundo poético de Lanseros. La relación de trasladar un personaje literario en uno real, como el poema homenaje a la maestra “Beatriz Orieta”, que nos sugiere una figura paralela con a la Beatriz de la Divina Comedia. En este poema la muerte es una estancia donde los amantes se reúnen para estar juntos para siempre: “Pero a veces la muerte / vuelve a acercar los labios / de los que un día se amaron”. En Chroniria (2005), Lanseros se acerca a la poesía más irónica: “Me habría gustado amarte. Te lo juro. // Sólo que muchas veces la voluntad no basta”. También lo aforístico reluce entre sus versos, sobre todo en los finales: “Solo quien ha besado sabe que es inmortal”. La greguería: “Las palabras me trepan por el pecho / como hormigas hambrientas…”. Podemos ver en su trayectoria que los temas a lo largo de estos onces años no han variado mucho, acaso en los últimos libros aparezcan con más fuerza el tono irónico, el juego metalingüístico, la crítica social (“Sigue doliendo España”), la religión (“El creador del creador”). La poesía de Raquel Lanseros tiene los ingredientes para cautivarnos: las referencias a la vida real y a la literatura de todos los tiempos. En sus versos, la realidad y los sueños se entremezclan hasta confundirse, como en toda buena literatura. Pues como dice ella: “Leer poesía y escribir poesía conlleva aventurarse a pensar y a sentir”.
El mismo año en que aparece Esta momentánea eternidad se publica Poesía soy yo. Poetas en español del siglo XX (1886-1960), una antología preparada por Raquel Lanseros y Ana Merino, en la que recogen una muestra de la poesía que escriben las mujeres de los países de habla hispana. Para las antólogas es “imprescindible el trabajo de rescate y visibilización” de las poetas. Quieren contribuir a la “mayor divulgación de la obra de sus autoras, así como a instigar a la investigación y descubrimiento de otras muchas”.  Recogen en la antología algunos poemas de Josefina Plá y Renée Ferrer. Esta antología ofrece sin duda alguna una muestra de la gran variedad de poetas, desconocidas y olvidadas algunas, que en esta publicación resuenan con una fresca y renovada voz.
            Raquel Lanseros, poeta que sabe compartir su mundo, también sabe abrir caminos, hacia su poesía y hacia otros poetas. Como muestra, ofrecemos un poema de la autora:


            ARITMÉTICA

Lo que quiero que sea
lo que es
lo que pudo haber sido
lo que nunca será
lo que fue y lo que era
lo que pudiera ser
lo que querré algún día que haya sido
lo que quise que fuera
lo que a pesar de mí se obstina en ser
lo que siempre soñé que fuese un día.
 

Las cuentas son exactas:
yo soy el resultado.


 

sábado, 4 de marzo de 2017

Diario de un lector


Avelino Fierro (1956), un escritor capaz de llenar con literatura cada día, se dio a conocer con Una habitación en Europa (Eolas, 2014), que recibió una gran acogida por parte de la crítica. Ciudad de sombra (Eolas, 2015), prologado por José Luis García Martín, sigue el mismo camino. Agrupa las anotaciones semanales del autor entre los años 2013 y 2014.
            En sus páginas, habla de los libros que está leyendo, de su vida cotidiana, de sus problemas médicos; cita poemas, fragmentos de prosa, aforismos, etc. Avelino Fierro lee poesía, novela, ensayo, filosofía, algún manual de pájaros, recetas de cocina... En fin, lee todo lo que encuentra. De lo clásico a lo contemporáneo. Y es la huella de su lectura lo que acapara las páginas de su día a día. Tanto que su diario es un diario de lector.
En Ciudad de sombra, tenemos la sensación que Avelino Fierro, al igual Borges, se enorgullece más por lo que ha leído que por lo que ha escrito. «Leer es la mejor higiene para combatir a los idiotas o desenmascarar el cinismo de los políticos, el pragmatismo imbécil, la prosa facinerosa de los psicopedagogos» (p. 194).
            No solo aparece el lector que anota y cita lo que lee, sino también el que reflexiona, el que opina sobre lo que lee, es decir, el crítico: «Entre 2008 y 2011, Paul Auster y J.M. Coetzee también se escriben cartas. […]. Deciden escribirlas, reunirlas y publicarlas. Parece obedecer más a una necesidad de publicar que de comunicarse. Traen a ellas asuntos de poco interés, buscan pretextos para parecer inteligentes o ingeniosos, aunque no lo consigan casi nunca» (p. 53). Más adelante, opina sobre Diario de un estudiante en Paris: «Gaziel nos transporta allí con su escritura de obligado periodista, pero sus reflexiones filosóficas, de alta política a veces, su lirismo, su pulcritud, su inteligencia para la anécdota mínima y para la categorización de situaciones que otros ni siquiera advertirían, sus descripciones con mirada abarcadora –como de urbanista, diría yo– y gráfica, nos hace ver y sentir y entender ese escenario irracional, ese mundo en bancarrota moral» (p. 316).  Entre sus variadas lecturas nos descubre nuevos diarios, como los del pintor Paul Klee. Nos deja su impresión personal, nos deja con el interés puesto en ellos. Opina sobre la situación política y sobre los políticos, habla de la música que le gusta, del arte, etc. La curiosidad de Avelino Fierro es inabarcable.
Su lectura preferida son los libros de poemas, y ese gusto ha llegado a contagiar su prosa: el uso de la personificación («Los árboles respiran lento a través de las últimas hojas de diciembre» p. 27), la metáfora, la descripción del paisaje que nos presenta como un cuadro pictórico, etc. Y es que Avelino Fierro, pese a sus problemas de espalda, escribe y describe bien, no solo acompaña a cada capítulo una ilustración por él mismo dibujado, sino además describe un atardecer o una mañana como si estuviera dibujando en prosa. Su ingrediente fundamental es la poesía, su prosa respira y transpira lo lírico por todos los poros. Avelino Fierro es un poeta que escribe en prosa.
Algunos personajes pasan por sus páginas, como por su vida, como figuras fugaces. Otros aparecen siempre porque forman parte de la vida del autor, como su mujer Mar, que también anota los viajes que realizan juntos, como las anotaciones de una estancia en Marruecos (es una enumeración de actividades casi caóticas, dan la sensación de que el tiempo ha pasado tan de prisa, como suelen pasar los días felices).
             Ciudad de sombra es el viaje por la vida de un hombre, que aunque no lo pretenda, nos trasmite su ilusión por el día a día. Es un escritor que nos deja ensimismados en su trajín.
            No tengo dudas de que Ciudad de sombra ha de tener el mismo, o incluso más, éxito que Una habitación en Europa. Fierro es un escritor que dice que no se siente escritor, pero los que le hemos leído podemos decir que es uno de los escritores más afables y carismáticos. Estaremos atentos a la tercera entrega de sus viajes por la vida y por la literatura, que para él serán la misma cosa. En la última parte de la entrevista que acompaña al libro, Avelino Fierro afirma que escribe diarios para que le quieran los lectores. No hay ninguna duda, es un encantador de serpientes.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Georgina Herrera, la vida hecha poesía


Un testimonio fruto de una vida de superación y luchas ofrece en su poesía la poeta cubana Georgina Herrera (Jovellanos, Matanzas, 1936). Una vida marcada por una infancia y una adolescencia difíciles; creció en un hogar pobre donde la mujer no tenía voz ni voto. Fue con la poesía que pudo alzar su voz. Con su poesía ha ido tocando de puerta en puerta, de corazón en corazón, de conciencia en conciencia, no solo en la de los lectores de su país, sino ha trascendido más allá de Cuba y ha llegado a España, donde acaba de aparecer Estos ojos de mirarlo todo. Una antología prologada por Aída Elizabeth Falcón Montes. Es el primer libro con el que debuta la editorial alicantina Libros de la Libélula Nómada, que tiene puesta la mirada en los autores latinoamericanos, pues acaba de publicar Perros de ficción, del poeta ecuatoriano Ernesto Carrión.
            Estos ojos de mirarlo todo consta de siete apartados: algunos poemas de los seis libros de la autora más algunos inéditos. Todos ellos —seleccionados por la propia Georgina Herrera— son una muestra fundamental de su labor creativa desde 1962 a 2016, año en que se le concede el Premio Rafael Alberti por toda su obra.
Su condición de mujer, negra y pobre, no le impidieron mantenerse firme ante el dolor, la soledad, el machismo implantado por la tradición. Nuestra autora supo que la única forma de luchar contra esa sociedad que oprime a la mujer —sobre todo a la mujer negra— es a través de la cultura: lee, escribe, se nutre de conocimientos para reflexionar y hacernos reflexionar. Hay ciertos rasgos didácticos en los mensajes de sus versos. De ahí esa poesía que muchas veces trata de darle la vuelta a los cuentos de hadas, a las canciones infantiles. Georgina Herrera quiere desenmascarar cualquier tradición que menosprecia o humilla a la mujer o transmita un mensaje que haga al ser humano más injusto.
En sus obras se pueden apreciar los temas fundamentales, o que más la preocupan: la muerte (y la vida), la infancia, la maternidad y la defensa de la mujer. Su poesía se caracteriza por la pulcritud, la claridad y la sencillez. Pretende que todo el mundo la entienda porque sus mensajes están dirigidos a todo el mundo. Su poesía nos recuerda a la de Szymborska. Solo que Georgina Herrera es una defensora a ultranza de los derechos de la mujer en todos los ámbitos. Para ella la realidad es más sorprendente y milagrosa. Por ejemplo, en el poema «El parto», no cuenta con la cigüeña, encargada de traer los niños al mundo de forma ficticia y fácil, porque Georgina Herrera prefiere el parto, el dolor de donde nace el amor, un amor real. Reivindica la figura de la mujer como origen de la vida.  
Corrige el mito de Adán y Eva, una historia inventada por hombres, lo desmitifica. Niega que Eva haya nacido de la costilla de Adán: «Rueda la historia / contada por Adán a su manera, dice / que desnuda la extrajo / de su costado, cuando / en verdad llegó vestida / de cielo, tarde y cantos de mil pájaros.» Desde su primer libro hasta el último, no dejará de defender a la mujer, por tanto, a la esencia de la vida.
            Georgina Herrera es una poeta que tenemos que leer y releer y hacer llegar su voz a todos los lectores. Su poesía podría salvarnos de nosotros mismos, de nuestras miserias humanas, de nuestras injusticias. Leedla y podréis ver a la mujer y a la vida y a la poesía misma con otros ojos. He aquí algunos poemas:

           
LAS DOS MITADES DE MI SUEÑO

 
Ambos me han hecho
una mujer hermosa.
Una mujer que tiene
la más inmensa historia
por contar.
Todo el dolor que venga
será pequeño, comparado
a tanto amor creciendo en sus tamaños.
Con esos ojos de mirar la vida
se puede ver la muerte
como una estrella más
o como una
inmensa flor naciendo
entre los tibios brazos de la tierra.
 

DUELO (II)

Todos los vientos soplaron
en contra de mi amor.
Brisitas,
huracanes,
torbellinos, todos
soplando en giros en contra
de mi amor.
Alisios,
terrales,
viento sur. Todos.
Todos los vientos soplaron,
soplan aún
en contra de mi amor.

 

 GRACIAS A LA MUERTE

 No me soporta.
Si nos cruzamos, se desata como una tempestad.
Enloquecida,
busca refugio donde encuentre,
siempre lejos de mí.
Le estoy agradecida,
pero no siento lástima cuando
la Muerte, contrariada,
no entiende
el tibio olor de la vejez que asumo.
Pobrecita la Muerte.
Es tonta y triste,
se enrosca, se hace un bulto y carga
con él sobre la espalda, huye
cojeando…
Yo, ligera, cada vez más lejos
de su rumbo, pongo
una flor entre mis labios, echo
agua fresca sobre mi rostro,
juego
con un zunzún a no agarrarlo
cuando en verdad no puedo.
Así, el tiempo que me queda
se hace eterno.
Gracias
a la Odiosa. Gracias…

 

domingo, 26 de febrero de 2017

Los haikus de Susana Benet


Este fin de semana he estado disfrutando de la lectura de La enredadera (Renacimiento, 2015), un libro de haikus reunidos de Susana Benet (Valencia, 1950). Es fácil escribir un buen haiku. Lo difícil es escribir un libro de haikus buenos. Pero Susana Benet lo ha hecho. Ha sabido guiar al lector (como a un gorrioncillo tras unas migas) de haiku en haiku hasta la última página y dejarlo con ganas. Con ganas de seguir leyendo más haikus. La relectura de La enredadera es todavía más deliciosa.  
Aquí algunos del libro:

Mientras te vistes,
yo cuento los botones
que nos separan.

           
Trénzame el pelo.
Que sienta los tirones
de tu cariño.

           
Señal de tráfico.
La mariposa vuela
Desorientada.

           
Nuestros abrigos
juntos en el perchero.
Tú y yo, tan lejos.

           
Un niño juega
a enterrar a su padre.
Día de playa.

           
Se posa el sol
en la taza de té.
Bebo la luz.

  
Todo el que entra
a admirar mi jardín
sale con flores.

 

 

sábado, 4 de febrero de 2017

Paraguay y los Papeles americanos de Cobo Borda


 
El poeta colombiano Juan Gustavo Cobo Borda (1948), bajo el título Papeles americanos (Instituto Caro y Cuervo, 2015), reúne ensayos y reseñas sobre escritores que marcaron con sus obras la literatura hispanoamericana del siglo XX. Este volumen, un homenaje de un lector a los autores que más admira, es el resultado de una relectura, de una vuelta a los grandes maestros. Un viaje literario que empieza con los argentinos Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato. De este último, traza su semblanza y hace una concisa reflexión sobre su trayectoria literaria. Luego pasa a los chilenos Pablo Neruda y Nicanor Parra. Destaca en primera línea la influencia de Altazor (1931) en los antipoemas de Parra. Compara a Octavio Paz y Julio Cortazar en sus centenarios, los dos nacidos en 1914, los dos admiradores del Che Guevara, los dos apasionados por la pintura, los dos excelentes traductores. Relee además a Carlos Fuentes, José María Arguedas, Mario Vargas Llosa, Cabrera Infante, Ernesto Cardenal… Sobre todos ellos escribe y reflexiona y como resultado nos ofrece una lectura amena, no academicista. No quiere demostrarnos que es un erudito (aunque lo sea), un maestro y un gran lector. Lo que pretende es precisamente una conversación entre lectores para ofrecernos nuevos puntos de vistas, nuevos autores, olvidados algunos, inolvidables otros. Rescata nombres menos conocidos, como el de Rubem Fonseca y su obra El seminarista. Relee las obras del brasileño Mario de Andrade, como Macunaíma, un héroe sin carácter, al que considera como un “libro grande e inclasificable donde la selva y la ciudad son los polos de este delirante viaje” (p. 107). Es importante subrayar además “Presencia árabe en el caribe colombiano”, un estudio en el que rescata los nombres fundamentales de autores colombianos de origen árabe: Luis Fayd, Meira Delmar, Giovanni Quessep, Raúl Gómez Jattin… Menciona asimismo la presencia árabe en la vida de Gabriel García Márquez, cuya infancia (y toda su obra) estuvo marcada por la lectura de Las mil y una noches. “García Márquez de algún modo tenía, en su hogar, su cocina y su lecho, una vinculación inmediata con el mundo árabe y su cultura” (p. 130). En “El café, la universidad de Álvaro Mutis”, Cobo Borda ofrece una breve historia de las figuras literarias que de alguna manera se hicieron escritores y poetas en las tertulias de los cafés bogotanos, autores como Ricardo Rendón, Luis Tejada, León de Greiff y, sobre todo, Álvaro Mutis, una de las figuras que luego destacaría en el exilio.  
            En Papeles americanos, Juan Gustavo Cobo Borda observa  Paraguay a través de las crónicas de Germán Arciniegas, cuya prosa sigue cautivando a los lectores porque “se mantiene viva, alegre, batalladora” (p. 152). Al releer las crónicas y ensayos de Arciniegas sobre Paraguay, Cobo Borda destaca la curiosidad de su compatriota y sobre todo la amistad que unía a Arciniegas con el expresidente paraguayo, Juan Natalicio González (1897-1966), que también era poeta, novelista y un destacado ensayista. Arciniegas, invitado por el entonces presidente, llega a Asunción y “descubre la riqueza vital y creativa del pueblo paraguayo” (p. 152). Profundizará así en la historia del país y se maravilla con la fortaleza de las mujeres paraguayas, que reconstruyeron el país, arruinado después de la Guerra de la Triple Alianza. (Lo mismo le había pasado a Rafael Barrett y hace pocos días el propio Papa Francisco enaltecía a nuestras madres).
Se resalta la figura de un escritor metido en política, como la de Juan Natalicio González, que no solo destaca por haber sido presidente durante cinco meses, sino además nos recuerda a otros autores que fueron tentados y se metieron en el mundo político (Juan Bosch, Rómulo Gallego, Vargas Llosa...).
Juan Gustavo Cobo Borda descubre por así decirlo a Juan Natalicio González, uno de los autores paraguayos que no solo perdurará en la historia de Hispanoamérica por haber sido uno de los primeros escritores en ser presidente de un país americano, sino sobre todo por su importante afán de divulgador cultural como editor de las editoriales “India” y “Guarania”. Juan Natalicio González “divulgó en Paraguay, Argentina y México [y en toda Hispanoamérica] los escritos de los cronistas de Indias y los estudios de Gomperz sobre los pensadores griegos en tres tomos y la gran historia de la filosofía griega de Zeller en seis tomos” (págs. 153-154).
Con este mapa literario que es Papeles americanos, Cobo Borda nos invita a seguir su camino, a releer a nuestros clásicos hispanoamericanos, y volver también la mirada hacia autores olvidados, como el propio Arciniegas o Juan Natalicio González, cuya prosa también sigue vigente y viva, aunque se haya mantenido un poco olvidada. Sin duda alguna, fue uno de los preclaros y más lúcidos prosistas que dio el Paraguay. Rescatar su figura siempre viene bien para hacernos recordar que tuvimos líderes con un nivel cultural y humanista que merece nuestra admiración.