sábado, 26 de diciembre de 2015

La luz de Rafael Barrett

El pasado 17 de diciembre se cumplían 105 años de la muerte de Rafael Barrett. Conocí su figura ya en España, cuando tuve la ocasión de poder acceder a libros que en mi patria no tenía. En una antología de literatura paraguaya, había un artículo suyo titulado “Emigración”. Hablaba en él de cómo los paraguayos se están yendo a otros países. “El Paraguay ofrece un ejemplo único –escribe Barrett–; es un país americano que se despuebla”. Si ya en julio de 1910, la gente salía de Paraguay, es que hoy no ha cambiado nada. Cuánta gente necesitada abandona Paraguay, “el país más feliz del mundo”. Yo había hecho lo mismo que los paraguayos de principio del siglo XX.
El artículo me había maravillado y tuve que conseguir otro libro suyo, El dolor paraguayo, que él mismo había preparado pero que no llegó a verlo publicado. Libro que describiría, como ningún otro escritor lo hizo antes, la desilusión, la pena y el dolor de nuestra gente.
Después fui indagando sobre su obra y vida. Leí el libro de Gregorio Morán y allí descubrí a Vladimiro Muñoz, el primer biógrafo de Barrett.  Muñoz es natural de una ciudad asturiana llamada Gijón, a 30 kilómetros de Oviedo, donde vivo.
Desde aquella primera lectura fui buscando más obras suyas. Y un día, José Luis García Martín me regaló las Obras completas de Rafael Barrett. Su lectura me fascinaba, me iba alumbrando. Su punto de vista era original porque decía tanta verdad. Todo su texto es resultado de una reflexión muy humana y de elevada cultura.
Barrett, como el Cid campeador, se exilió porque fue calumniado y, como Apolonio, intentó perderse por el mundo. Y la misma frase que cierra aquel primer artículo que leí se podría decir aplicar a él: “El derecho supremo es vivir, y cuando no se puede vivir en un sitio, el deber supremo es irse a vivir a otra parte”. Él había hecho exactamente eso cuando se marchó de Europa. Pisó tierra paraguaya, como quien llega a su casa después de un largo viaje. Allí aprendió de los más pobres la nobleza y por los pobres fue aceptado como un hermano más.
En Hispanoamérica se hizo escritor, maestro, proletario, agrimensor, sindicado y padre de familia, además fundó el semanario Germinal, en honor a Zola. En el Paraguay, Barrett es considerado el padre del pensamiento crítico, impulsor del periodismo objetivo, realista, porque, como diría él, para decir la verdad “cualquier boca sirve”. Como los de Zola, sus escritos fueron el arma con que defendía a los de abajo. Sin temblarle el pulso, revelaba las injusticias y abuso del poder y los acusaba públicamente.
De alguna forma me sentí en deuda con él. Es verdad que en Paraguay han publicado sus obras completas, han creado un premio literario de ensayo que lleva su nombre y tantos otros honores. Pero en España, como paraguayo, sentí la necesidad de hacerme un alumno suyo, su lector. Fue el mejor favor que me pude hacer.   
En una conferencia del 2013 en la universidad de Oviedo, Antonio Muñoz Molina había dicho que “en una democracia escribir en libertad no supone valentía. Donde se es valiente es en una dictadura.” Sus palabras me hicieron recordar a Barrett. Él sí fue un escritor valiente por antonomasia. Había denunciado sin miedo en sus escritos la barbarie a la que estaba sometido el pueblo paraguayo, sobre todo los abusos y la esclavitud que sufrían los obreros en los yerbales. Además, quizá fue el primer escritor en defender a la mujer en la sociedad paraguaya. En su artículo “Oro sellado” podemos leer esa defensa:
 
“Aquí las valientes, las que trabajan, son sobre todo las mujeres. Son ellas las que afrontan, indefensas, la dura realidad. Son ellas, heroicas, las que despiertan la fecundidad de los campos, las que preparan lo indispensable a la vida, el pedazo de pan, el jarro de leche, la legumbre y la fruta; las que hilan y tejen y cosen; las que tienden al dueño de su alma el limpio lecho, y no se atreven a despertarle, y le espantan las moscas. Hambre, dolor, incertidumbre, soledad, guardan todo lo malo para ellas. Placer, orgullo, mesa y techo y ropa seguros, y algún dinerito para divertirse, todo lo bueno lo reservan para ellos, hijos, hermanos, esposos. Pero en verdad que son tan sólo hijos suyos y hasta la muerte. En verdad que estas mujeres amamantan a su patria”.

Leer a Barrett es un placer exquisito. Uno tiene la sensación de que de cada artículo suyo que lee sale más sabio. Barrett es un maestro de todos los tiempos, de todas las generaciones. Él fue el primer ilustrado, una especie de guerrero de la luz, que nos sacó de la oscuridad, de la ignorancia en la que vivíamos los paraguayos.
Barrett era pura idea, pura razón, infatigable y brillante. Sus ideas creadoras nutren, ennoblecen y fecundan hasta hoy día el pensamiento. Hoy y siempre la luz de su inteligencia nos seguirá iluminando.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

José Luis Morante lee "Permiso de residencia"

No hace una semana que apareció publicado mi libro de poemas Permiso de residencia en la editorial sevillana La Isla de Siltolá. Hoy hace justamente ocho días que me llegaron a casa los ejemplares llenando de alegría cada rincón de mi hogar. Hoy también recibo la primera crítica sobre este libro. Es una reseña de José Luis Morante, poeta y crítico literaria que siempre acoge con buenos ojos a los poetas que estamos adentrándonos al mundo literario. Se puede leer su reseña en el siguiente enlace: http://puentesdepapel56.blogspot.com.es/2015/12/cristian-david-lopez-permiso-de.html

sábado, 28 de noviembre de 2015

Permiso de residencia

Acaba de publicarse mi libro de poemas La patria del hombre en la editorial Sevilla La Isla de Siltolá. Posiblemente estará en las librerías a mediado de diciembre; también se puede descargar en formato ebook.


sábado, 21 de noviembre de 2015

La ausencia de la literatura paraguaya en España


 
“¿Por qué sabemos tan poco de Paraguay? ¿De literatura paraguaya?” es una de las preguntas que me hicieron no hace mucho en Gijón (Asturias). Intuía que esa era la pregunta que no podía faltar en la presentación de un libro paraguayo. No sabría explicarlo con certeza, pero lo voy a intentar.
            No sé si es por falta de apoyo de las entidades gubernamentales, encargadas de representar al país en el exterior, o por la falta de interés de los lectores y editores españoles. Porque no es que en Paraguay no tengamos buenos poetas, buenos narradores, buena literatura en general.
            Contamos con una gran cantidad de excelentes escritores que han publicado libros que se están leyendo en los países latinoamericanos. Son muchos los nombres nuevos que llaman mi atención ahora mismo: autores como Mónica Laneri, Sebastián Ocampos, Christian Kent, Mónica Bustos.. Pero también están los que pertenecen a una generación anterior sin los que no sería posible entender la literatura paraguaya del siglo XX, voces como la de Renée Ferrer, Susy Delgado, Feliciano Acosta, Osvaldo González Real, Víctor Casartelli, Rubén Bareiro Saguier y tantos otros que merecen sin duda estar y destacar en el mundo literario internacional.
Pero en España a todos ellos se les ignora casi por completo. Es muy difícil encontrar libros paraguayos en las librerías españolas. Recuerdo que, cuando yo llegué a España en el 2008, tuve la ocasión de acceder por primera vez a una biblioteca y de leer la más variada literatura. Siempre que podía buscaba un libro de autores paraguayos, pero no los encontraba.
Enfada un poco cuando se publica una antología de poesía o narrativa latinoamericana y no se incluye a escritores de mi país. ¿Acaso los antólogos no miran más allá, más al fondo, en los más profundo de América Latina, al corazón? Yo no sé qué decir. “Es un país y una literatura bastante ignorada, los críticos no miran hacia ella”, suelo pensar.
En estos quince años, solo se ha tenido noticia de dos publicaciones importantes en España. Uno, la antología Contra la vida quieta, de Elvio Romero, el poeta paraguayo más internacional, publicado por la editorial Candaya en el 2003. El otro, quizá la que yo más esperaba y que me ha hecho feliz, fue la antología La poesía del siglo XX en Paraguay (Visor, 2014) [y comentada en este blog], preparada por Mar Langa Pizarro.
¿Mostró algún interés por estas maravillosas publicaciones la sociedad paraguaya que vive fuera y dentro del Paraguay? Me temo que no. ¿Las han recibido con orgullo? Lo dudo.
Hace bastante tiempo que he llegado a la conclusión de que el boom de la literatura paraguaya debe nacer de la mano de los propios paraguayos y paraguayas. El interés debe empezar en ellos. La mayoría de los libros de autores extranjeros que se publica en España fueron primero muy bien recibido y leído con interés en el país de origen, en cierta manera fueron bestsellers. El mercado español se fija en ese detalle fundamentalmente.
Suena utópica la idea de que los paraguayos que vivimos en el extranjero tengamos interés por adquirir los libros de autores de nuestra tierra. Pero cuánto impulso daríamos a las editoriales paraguayas, a nuestros autores y autoras con nuestras lecturas. Daríamos voz, nuestra voz, nuestro acento, daríamos vida a una literatura enmudecida por el desinterés. Que las embajadas  y las asociaciones en los distintos países se encarguen de organizar actividades literarias, que promuevan presentación de libros, que formen bibliotecas, que financien publicaciones de libros paraguayos en los demás países. ¡Qué cosa tan noble sería eso! Es lo que deberían hacer para “promocionar lo nuestro”, nuestra cultura.

               

 

lunes, 16 de noviembre de 2015

Lorenzo Roal lee "La patria del hombre"

        Lorenzo Roal, joven poeta y director de la Revista Maremágnum, había reseñado en su blog "La patria del hombre" y yo ni me había enterado. Acabo de leerlo. Su comentario me ha alegrado el día y no sabe de qué manera. Me honra.
       Se puede leer la reseña en: http://trayectosdepapel.blogspot.com.es/2015/10/la-crudeza-del-mundo-en-los-ojos-de-un.HTML

martes, 10 de noviembre de 2015

Museo James Joyce


Busco el Museo James Joyce. Recorro las calles Street Parnell y Street Summerhill. Entre la brisa flora un aroma conocido, “Oh María, mi dulce María”, pienso y suspiro. Dejo que entre un poco en mi alma los átomos que contienen el secreto de la paz. Encuentro el museo, pero ya han cerrado. Me quedo a sentarme enfrente mismo del museo y contemplo el edificio, que no se distingue de los demás, como la vida mía.
 

domingo, 8 de noviembre de 2015

"La patria del hombre", Cristian David López (video)

             El día 31 de octubre había presentado en La Revoltosa (Gijón) mi libro "La patria del hombre". Ya pasaron una semana, y no colgué ni siquiera una foto de ese encuentro y charla con el joven poeta Diego Solís. La verdad, fue una tarde agradable. Esa que uno no quisiera que acabara nunca. Lo digo por la compañía. Por si acaso, aquí les dejo un fragmento de lo que fue la presentación.






Estrellas y volteretas


              En el parque del Trinity College, un joven irlandés hace volteretas y estrellas una y otra vez. Sonríe porque sabe que el resto del mundo lo está mirando. Lleva unas gafas negras para disimular. Un puñado de monedas plateadas y doradas cae de sus bolsillos, monedas que quedan brillando sobre el verde pasto. La gente aplaude y el joven recoge las monedas como si acabara de recibirlas por sus acrobacias.
 
 

domingo, 1 de noviembre de 2015

Siete mundos


        Acaba de salir de la imprenta “Siete mundos” (Impronta), la esperada antología de la joven poesía española. Soy uno de los primeros afortunados en tener este maravillo libro. Los antólogos Carlos Iglesias Díez y Pablo Núñez han realizado un estupendo trabajo, con un excelente criterio, y una selección de poetas muy respetable. Esta antología contiene los versos de Laura Casielles, Alba González Sanz, Rodrigo Olay, Diego Álvarez Miguel, Sara Torres, Raquel F. Ménendez, Xaime Martínez.
        Como podéis ver, todos son excelente poetas que ya forman parte de la historia de la literatura española de este siglo. Con su permiso, voy a seguir bebiendo, digo, leyendo.
 
La edición de Impronta,
como siempre,
maravillosa.

 
 

viernes, 23 de octubre de 2015

Presentación de "La patria del hombre" en Gijón



El sábado 31 de este mes, a las 19:00, estaré presentando en la Librería La Revoltosa (Gijón) mi novela La patria del hombre. Por suerte para mí, estaré en la buena compañía del amigo poeta Diego Solís. En mejor manos no puedo estar. Les espero.
 

lunes, 19 de octubre de 2015

Antonio Praena lee "La patria del hombre"


                El poeta granadino Antonio Praena ha hecho una reseña muy interesante sobre La patria del hombre. Creo que él también ha comprendido cuántas vidas puede albergar un libro como este. Y lo ha leído con buenos ojos. La reseña se pude leer en: http://elatril.dominicos.org/articulos/la-patria-del-hombre
 

domingo, 11 de octubre de 2015

El primero

   Hoy he vuelto a soñar con el chico que fui hace veinte años, el que iba tempranito, con el rocío a cuestas, a la escuela, al paraíso, para ser el primero en llegar, para ser el que barra el patio, las aulas (que en silencio esperan toda la alegría); y caer bien a la profesora de guaraní, la que recita versos de Nicolás Guillén en guaraní. “Salpica, moja un poco el suelo seco, para que el polvo no despierte”, me decía al llegar a clase, como si recitara un verso. No eran difíciles de hacer tareas si luego ella las corregía, si luego ella las explicaba con su dulce idioma. Qué vergüenza me daría si hoy me viera ese chico, con esta pinta que tengo ahora, un poco más gordo y menos sonriente y ¡con tantas tareas que hacer! Me pondría colorado ante él.

domingo, 4 de octubre de 2015

Líneas sobre el agua

"Qué afortunada es la gente que puede ayudar a los demás".

"La luz me encandila, la oscuridad me inspira".

"Es un picor molesto el sueño, que si no lo rascas, no te deja en paz".

"Solo la inocencia es perfecta".


martes, 22 de septiembre de 2015

Paraguay en Vegadeo


19 de septiembre de 2015

 
              Llego a Vegadeo por la tarde. A las nueve de la noche empieza el VI Festival Folklórico paraguayo, que organiza la Asociación de Paraguayos del Principado de Asturias. Rosana Portillo es una de las paraguayas que mueve toda esa actividad. Es una mujer de hierro, con varios hijos a los que tiene que mantener y educar. Hay muchas otras mujeres sacrificadas como Rosana que en sus ratos libres se dedican a ayudar a todo el mundo, organizando las actividades de la asociación.
            Rosana es quien nos recibe a Marta y a mí y a muchos otros invitados. Ella es la que nos ha conseguido un apartamento donde vamos a quedar por una noche, sin tener que pagar nada. “Mi jefe no te va a cobrar”, me dice Rosana. Los asturianos son generosos por naturaleza. Quizá es porque los paraguayos que viven en Vegadeo se han ganado el corazón de los anfitriones de este cálido rincón asturiano.
En Vegadeo, en Asturias, los paraguayos nos sentimos como en casa. Y es que Asturias es una gran alegría para la mayoría de nosotros. No solo por el ambiente acogedor o por la buena comida (por cierto, muy parecida a la paraguaya: les encantan las legumbres), o por la exquisita “sidrina” que alegra el alma asturiana, sino sobre todo porque nos reciben como a amigos, como a hermanos. Y es que muchos asturianos, en tiempos pasados, emigraron a América. Creo que por eso comprenden al extranjero. Nos miran como si vieran a los asturianos que habían dejado tu patria en décadas pasadas, y que han regresado a su casa.
Estos paraguayos son los verdaderos promotores de nuestro país en España.  Ellos hacen que el nombre de Paraguay suene bien. Ellos hacen mucho más que los diplomáticos que son enviados desde el Paraguay y se dedican a hacer turismo.
Cuando conoces a un paraguayo, como los que viven en Vegadeo, es difícil ya de olvidarlo, dejan huella en la gente. Lo ciertos es que tiende a ofrecer lo mejor que tiene, lo poco que tiene: su disposición, su trabajo, su lealtad y su amistad, y esas ganas de estar siempre feliz. Vaya donde vaya llevan su característico idioma, su identidad, su cultura, su espíritu, su alegría.
Los que salimos del Paraguay, salimos con la ropa roída por el abandono, por la sed de una vida que no podemos vivir en nuestra propia tierra. Nuestros sueños tomaron posesión de nuestros pasos y nos trajeron aquí.
Es verdad que en los primeros momentos, miramos hacia atrás, hacia nuestra patria con la cara de un perro que es expulsado del hogar. Pero los paraguayos, como los asturianos, no tenemos miedo de arriesgarnos. El fracaso y el triunfo son dos caras de la misma moneda. A veces, el futuro se nos aparece como un abismo oscuro. Pero los paraguayos, los pobres paraguayos (que somos la mayoría) lo cruzamos sin miedo. A veces detrás de ese abismo encontramos una luz, una luz como Vegadeo, como Asturias.

viernes, 14 de agosto de 2015

Juan Ignacio González

Cuando enero fue pasto de las llamas
La Cruz de Grado, Gijón, 2015

Hay libros que son como los puertos en los que sí o sí hay que parar y a los que hay que volver cada cierto tiempo. Uno de ellos es el último libro del poeta Juan Ignacio González, Cuando enero fue pasto de las llamas. Al acabar de leerlo, una de las palabras que queda repitiéndose como un eco sublime en nuestra memoria es “esperanza”. Quizá porque algunos de los poemas cantan a esa especie de luz que es la esperanza (véase, por ejemplo, “Cuando enero fue pasto de las llamas”: “Crees en ella y te salva, te salva para siempre / de todo lo vivido en estos años, / de todos los recuerdos de la infamia”). En forma de monólogo, en “La certeza del día”, “Pisadas en la niebla” y en otros poemas, el poeta toca temas como el paso del tiempo (y el pasado que requema su memoria: “Yo viví atado aquí, en la dura costumbre / de ser fiel al silencio”), la infancia, el entorno familiar, la muerte, el amor, etc. Este libro narra la historia de una vida, la vida de Juan Ignacio González, cuyo refugio siempre fue la poesía.

Manual de instrucciones para iniciar el día

No dejar que las sombras atenacen la almohada.
Abrir las manos para sentir hambre
de noches de aguaceros y besos ateridos.

Dejar que quede escrito en la pared del tiempo
todo el amor del mundo.
Permitir que otras manos invadan las estancias
de tu cuartel de invierno.

No posponer el gozo.
Cerrar la puerta a todas
                                      las calas del olvido.
Hacer que sea propicio el cuerpo a los deseos,
que no hallen un resquicio de piel sin habitar,
donde quiera que vayas.



lunes, 10 de agosto de 2015

Martín López-Vega comenta "La patria del hombre"

Supongo que tengo la suerte de causar la primera impresión de ser una buena persona (aunque luego puede que decepcione). El poeta y crítico literario Martín López-Vega​  ha criticado generosamente mi libro La patria del hombre, en su blog Rima interna. No sabe la ilusión que me ha hecho, estoy muy feliz y agradecido. Es un honor para mí. Pero todavía queda camino que recorrer y mucho que mejorar y aprender. Hoy dormiré con la sonrisa puesta y con el volumen de los sueños un bien alto.

jueves, 23 de julio de 2015

La suela de Rivarola Matto


De mi último viaje a Paraguay, en el 2013, traje algunos libros. No he tenido mucho tiempo de ponerme a leerlos. Los voy sacando a la luz poco a poco. Algunos de ellos todavía con el envoltorio puesto, como el que acabo de leer, La suela (Criterio, 2006), de José María Rivarola Matto (Asunción 1917 – 1998), libro póstumo, publicado por su hijo Manuel Rivarola Mernes.
No conocía ninguna obra de Rivarola Matto. La suela, aunque sea una obra póstuma a la que seguramente el autor querría darle algunos retoques antes de verla impresa, tal vez sea un buen inicio.
            En uno de los textos introductorios, Manuel Rivarola Mernes señala que en esta obra Rivarola Matto “con un lenguaje festivo, picante y audaz, trata el drama o la tragedia de la sociedad paraguaya”.
            La novela está divida en cuatro partes. Narra la historia de Don Cayetano: su vida familiar, sus sueños, sus luchas por adaptarse, por entender una sociedad paraguaya desconocida para él, porque es de origen italiano. Había entrado en Paraguay, como Rafael Barrett, por Villeta. (Cierto parecido entre el protagonista y el gran escritor español podemos ver en el afán por buscar un mundo en el que poder realizar la vida soñada). Empezó trabajando en el monte, talando árboles, como se dice en Paraguay, sacando rollos, y después se decidió abrir una zapatería a la que llama “La suela”.
            Los personajes de esta novela no tienen una profundidad psicológica muy marcada, como los que podríamos encontrarnos, por ejemplo, en La babosa, de Gabriel Casaccia. Son personajes más superficiales. Parece que el autor buscaba dotarlos de unas características más o menos caricaturescas. Tampoco se menciona el lugar exacto donde transcurre la historia. Aunque nos da a entender que no queda lejos de Asunción. Quizás lo que Rivarola Matto quería con esto era criticar a la sociedad paraguaya, generalizando. Es verdad que resulta bastante explícita la crítica a los políticos, también a los representantes religiosos y a la justicia. Todos ellos aparecen con un cinismo y una hipocresía evidentes.
La novela empieza in media res, con la muerte de Héctor, el hijo de Don Cayetano, para el que deseaba una formación y un futuro sobresalientes. Al menos,  mejor que la que tuvo su padre. La narración continúa para contarnos los inicios, los orígenes de Cayetano y su hijo Héctor.
El final de la primera parte vuelve de nuevo en el presente, con el cuerpo de Héctor en los brazos de su padre. Las desgracias perseguirán al protagonista durante toda su vida. Primero con la muerte de su mujer, al nacer su hija Ester, y luego la de su hijo Héctor, para el que deseaba un título de doctor, el viejo sueño que desea toda familia paraguaya.
A partir de la segunda parte, la trama se centra en el futuro de Ester, enamorada del verdulero Pedrito. Es una hija que crece sin la madre, bajo la protección y la libertad que le otorga el padre.
Al final, nos quedamos con las ganas de saber, como el mismo protagonista, por qué murió Héctor. Solo podemos ver a su hijo como una víctima de una bala del poder contra un ciudadano. Un hecho que queda impune.
En cambio, la aventura amorosa entre Ester y Pedrito termina en boda. Este final se deja entrever ya mucho antes del capítulo final. No nos sorprende. Por eso, esta historia de amor juvenil no es lo más destacado de la novela –al menos en mi opinión–, sino los comportamientos de algunos personajes secundarios, como el Dr. Madruga T., que encarna y describe perfectamente las actitudes de desvergüenza de los políticos que pululan en el poder. Estos detalles hacen que la novela brille de otra manera y merezcan la pena su lectura. 

sábado, 11 de julio de 2015

Motivos personales


Literatura en pequeñas dosis encontrará el lector en Motivos personales, el segundo libro de aforismos del poeta y crítico literario José Luis Morante. Con este volumen, la editorial La Isla de Siltolá inicia una colección dedicada exclusivamente a publicar aforismos, género que ahora se ha puesto muy de moda y que casi todos los autores empiezan a cultivar. Tal vez porque son idóneos para citarlos en las redes sociales y para memorizarlos. Pero sobre todo porque se suele decir que lo breve seduce y nos recuerda a la felicidad (que suele durar poco).
José Luis Morante nos descubre en este libro no solo sus ideas más brillantes, sino también algo de su poética. Nos revela lo que él entiende por literatura; sus muchas lecturas y publicaciones sobre el tema avalan sus afirmaciones.
Los aforismos que encontramos en este libro buscan una definición nueva de las realidades o simplemente precisarlas, porque cuantas menos palabras la idea más se expande. Esa es la cuestión y Morante lo sabe. Pocas palabras generan mayor chispazo en la conciencia del lector.
          ¿De qué hablan los aforismos de este libro? En general, los temas giran en torno a la literatura y sus alrededores. Habla, por ejemplo, del propio aforismo (“Los aforismos  son tablas de ejercicios para mantener activo el pensamiento”), de libros (“Libro: Luz y abrigo”), de la poesía (“La poesía es el lenguaje de un yo de cristal, opaco y frágil”). Sobre la crítica literaria, arte que el propio Morante domina, irónicamente escribe (“No es un crítico sino un fiscalizador de prestigios, un policía literario”), de los autores que admira y de tantos otros temas que ocupan su vida, como la crítica social (“El nacionalismo convierte la universidad en una escuela de patriotas”).
En este libro también encontrarnos aforismos que podrían ser microrrelatos (“Cansada de fingir, me dejó ver su versión original y estaba llena de óxido, como la chatarra”) o poemas breves.
Aforismos, frases brillantes, a veces irónicas (“La ignorancia no necesita de mapas; está plagada de referencias topológicas”), reflexivas, sugerentes, concisas, conforman Motivos personales.
En estos textos breves, cada palabra tiene una función que debe cumplir: asombrar (y educar) al lector. Con lo mínimo, disfrutar (y aprender) al máximo. En fin, impresiones, chispazos con los que José Luis Morante ilumina nuestra conciencia literaria.



[Publicada en el nº 5 de la revista Anáfora]

jueves, 2 de julio de 2015

Libro del mes

Hoy he recibido un regalo. José Luna Borge me envía un cartel informativo en el que aparece mi libro La patria del hombre como el Libro del Mes. El cartel es el Mural Informativo (julio-agosto) del Instituto Andaluz de la Juventud. No esperaba este regalo, no  esperaba este honor. La verdad es que es un gran orgullo que este detalle, mejor dicho este regalo, aparezca en todos los Centros de Información Juvenil de Andalucía y en los Institutos de Bachillerato. No sé si lo merezco tanto. Pero cuanto me alegran estos honores. Estoy agradecido.

miércoles, 24 de junio de 2015

Hotel Origen


            El poeta Javier Vela (Madrid, 1981) con su reciente libro de poemas Hotel origen (Pre-Textos) ganó el XV Premio de Poesía “Emilio Prados” y suma un galardón más en su haber literario.
            Hotel Origen está dividido en tres secciones, en total contiene 86 poemas, la mayoría de amor. La protagonista principal es Amara (un nombre ya simbólico). A ella es quien a se cita constantemente en los poemas. Se la describe cantando, envuelta en una toalla, mientras completa un crucigrama, en sus diversos estados de ánimo: “Amara se impacienta: su corazón anhela / mareas de invierno en playas de verano”. Amara es “la contraimagen de la muerte”.
            El lector llega a preguntarse por qué no se  ha puesto como título del libro el nombre de Amara. Tal vez porque los poemas fueron escritos en un hotel, mientras el poeta estaba en compañía de Amara. En el último poema, nos dice que Amara se ha marchado mientras él dormía. Pero no se ha ido del todo. “En la almohada atisbo una pestaña: / en ella sigue Amara”, nos dice en los versos que cierra el libro.
Aunque los poemas sean de amor, Vela no cae en el patetismo ni en lo cursi, ese es uno de sus méritos. Ha sabido hablar de un tema tan recurrente, del que todo parecía haberse dicho ya. Sin abusar y recargar los versos con la palabra “amor”, las historias e imágenes de cada poema sugieren un amor nuevo, recién vivido, recién dicho.
Hotel Origen canta al amor y a la mujer, como tantos otros poetas antes, pero de manera distinta. Aquí les dejo un poema del libro:


Mujer, agua dormida,
imagen afluente:
lago en que se desborda mi deseo,
venero que me adensa y me contiene,
dame tu sal, desátame;
sácame del marasmo de las ideologías;
líbrame de las hordas egotistas,
dame valor
y miedo.


sábado, 20 de junio de 2015

Estamos todos en pecado


Antes de dormirme suelo leer un poco, dicen que eso es bueno para que el subconsciente tenga algo que soñar. Quizás toda la literatura está hecha de sueños, o al revés, los sueños están hechos de historias ―a las que luego llamamos literatura― contadas a los niños de generación en generación. Hace unos días, antes de irme a la cama, leí unos poemas del poeta alemán Bertolt Brecht. Y durante toda la noche soñé con unos versos suyos que se repetían en mi memoria. La voz que recitaba no era mi voz (suelo leer en voz alta, sobre todo poesía), sino la de unos niños que tenían todos el mismo rostro, sucios y esqueléticos, con las cuencas de ojos vacías. Los versos decían: “Las parejas / van a la cama. Las mujeres jóvenes / parirán huérfanos. / parirán huérfanos, huérfanos…”. No había forma de callar esas voces. No podía despertarme de esa pesadilla.
Al día siguiente empecé a murmurar sin darme cuenta esos versos y pensé en la niña paraguaya embarazada, pensé en las miles de niñas violadas y embarazadas durante estos últimos años, y no pude evitar recitar aun con más fuerza esos versos de Brecht. No pude callarme más. Era la rabia la que recitaba. Era la impotencia la que recitaba. “Las niñas van a la calle / parirán huérfanos / parirán huérfanos”, repetí.
¿Cuántas niñas huérfanas paren a niños huérfanos en mi país? El caso que se conoce ahora en todo el mundo es solo uno de los miles que no salen a la luz, que la gente misma olvida. Los violadores se pasean con la conciencia tranquila por las calles de mi país y nadie hace nada. La gente misma prefiere muchas veces mantener oculto un caso así, porque tal vez creen que es algo natural. A veces creen que es algo vergonzoso, la vergüenza es el silencio. No saben que es un delito, aunque la justicia paraguaya se mantiene ciega ante estas situaciones. Solo actúa cuando un organismo internacional le dicta que “esto es un delito y hay que encarcelar al culpable”.  
Si no sabemos defender a nuestras niñas, ¿cómo podremos defender nuestro país? De ser patrióticos nos ufanamos y destruimos la infancia de nuestros hijos. ¿Quién defenderá a nuestros niños si nosotros mismos dejamos que el lobo viva entre nosotros? Debemos castigar con toda la fuerza de la ley a los que cometen estos delitos para que no se repitan más. No debe haber impunidad para los pederastas. No podemos callarnos. La gente no sabe que su silencio, su falta de protesta también es un delito. El verdadero pecado no es el aborto, sino el dejar que los violadores sigan violando con toda impunidad. Demasiada tolerancia es nuestro pecado.
El verdadero pecado es dejar que nuestras niñas tengan miedo. Si siguen así, acabarán odiando a sus propios hijos huérfanos, y al final ellas también abandonarán a sus hijos. Hijos que crecerán sin el amor de la madre. Los hombres violan a las mujeres porque no recibieron mucho amor de sus madres, porque no aman a sus madres, porque no son hijos de verdad.



martes, 16 de junio de 2015

Una infancia heroica

            
           

Este sábado volví del cine como si hubiese regresado de mi infancia, de la infancia latinoamericana, claro. Conducta, la película cubana de Ernesto Daranas, nominada al Goya en el 2014 como Mejor película hispanoamericana, para mi suerte, se sigue proyectando en los cines españoles. Este filme nos muestra la vida de Chala (Armando Valdés Freyre), un niño de once años que trabaja criando palomas y amaestrando perros de peleas para mantener a una madre alcohólica y drogadicta; un niño valiente que acude a la escuela con todo ese mundo marginal y violento en el que vive. Pero como en casi toda Hispanoamérica, la casa suele ser un infierno, y solo un lugar es el paraíso del niño, la escuela. Es allí donde Chala encuentra la luz, la bondad, la solidaridad, la amistad, la esperanza en un futuro que se ve incierto, y el amor, el estar enamorado le ayuda a olvidar el mundo miserable que le rodea. ¿Cómo no sentirse identificado con ese niño que se emociona ante Yeni (Amaly Junco), la compañera que le gusta? ¿Cómo no sentirse identificado con ese ambiente escolar, donde se juega al amigo invisible por el día de la amistad, al partido de fútbol en el patio de la escuela? Todas esas cosas son un paraíso para Chala. Es difícil no  volverse a mirar, cerrar los  ojos a esa realidad que me es tan cercana, que solo ayer viví y que muchos de los niños paraguayos, argentinos, cubanos, etc. padecen aún hoy. La historia de los niños de la calle que nos relata Daranas parece sacada de un cuento de Charles Dickens.
            Conducta tiene un transfondo moral. Con las figuras de la madre soltera, alcohólica, maltratada, y el hijo que crece en ese mundo turbio, nos descubre una realidad dolorosa, ignorada, que de alguna manera se critica en esta película. Solo la escuela parece ofrecer una salida, una esperanza. Sobre todo la figura, el apoyo incondicional de la maestra Carmela (Alina Rodríguez) ―que lucha por sus alumnos como si fueran sus propios hijos― nos enseña ese amor que nos abre los ojos más escondidos de nuestra conciencia, nos mejora como persona. Carmela encarna la figura de una mujer luchadora, que quiere que sus alumnos no falten a la escuela, que se enfrenta a los burócratas que ponen travas y más travas a una sociedad desfavorecida. En ese mundo, Carmela quiere seguir enseñando hasta que no le queden fuerzas para caminar. Maestra que prefiere teclear en máquina de escribir, porque le gusta que las palabras suenen. Quien cree que no lleva tanto en la escuela. “Yo doy clase aquí desde antes que tú  nacieras”, le dice a la supervisora que la quiere echar, quien le responde: “A lo mejor ha sido demasiado tiempo”. Pero Carmela le contesta: “No tanto como los que dirigen este país”. Esta frase de la maestra resume tal vez un cansancio de tanta miseria.
            Cuánto salimos ganando al ver una película como Conducta. Desde el primer minuto nos sentimos cautivado por las imágenes de los tejados, las calles con los Chrysler viejos, los trenes de otros tiempos, la gente, en fin, por La Habana. Pero lo que más impresiona es el drama social que se relata en la película. Desde la primera escena se mantiene la tensión del público sin dejar de emocionarnos.
Una película demasiado buena para ignorarla, para dejar de verla.


Trailer


sábado, 6 de junio de 2015

LATAS VACÍAS


Paraguay 2014 – Color 74 min.
Dirección: Herib Godoy
Guión: Herib Godoy con la colaboración de Néstor Amarilla Ojeda
Producción: Miguel (Kavi) Rodríguez
Fotografía: Herib Godoy
Montaje: ONG Sociedad Cultural
Música: Mauro Acosta, Dani Rodas
Efectos visuales: Francisco Philiponi
Protagonistas: Aníbal Ortiz, Máximo Florentín, Antonia Florentín Medina, Miguel Rodríguez, Blas Filartiga, Arturo Ortiz, Fátima Oviedo, Sergio Cardozo, Dani Gamarra y otros.


La magia de Latas vacías

Como cuando era un niño y me sentaba con otros niños junto al fuego para contarnos historias de Pombero, de plata yvyguy (tesoro enterrado). Así me he sentido al ver la magia de Latas vacías. El miedo de cuando éramos niños, un temor ingenuo que ahora aflora en mi memoria, pero que en todo caso nos lleva a la infancia paraguaya, ese mundo irrecuperable. 
Latas vacías tiene como argumento principal la leyenda del plata yvyguy. Según la creencia popular, se trata de tesoros enterrados durante la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870) por los soldados paraguayos, cuyas almas son los celosos guardianes de dichos tesoros.
Es verdad que en algunos momentos, Latas vacías se acerca un poco a las historias que narraba la serie Sombras de la noche, donde el eje central era lo sobrenatural de las leyendas paraguayas. Aún así Latas vacías no deja de sorprendernos y de cautivarnos. Aunque el público paraguayo sabe ya de antemano de qué va a tratar la historia, la vida de Alfonso (Aníbal Ortíz), que pierde a su familia y a su hermanito, al que quería ofrecer un futuro mejor, nos conmueve. Porque este largometraje nos habla de esperanzas y de sueños. Una historia con una moraleja: se deja entrever el destino del hombre bueno y honrado, que encarna, en este caso, Alfonso, el protagonista que trata de sobrevivir recolectando en un vertedero latas vacías. Su suerte huye de él cuando Alfonso la persigue, pero viene a él cuando es Alfonso el que se aleja de ella. Cosas de la vida.
Hérib Godoy ha sabido contarnos una historia antigua y viva con una originalidad que sin duda le ha consagrado como toda una revelación. Mezcla lo real con lo maravilloso, los sueños con la vida.
Con Latas vacías el cine caaguaceño se presenta como una muestra más de las cosas maravillosas que se pueden llevar a cabo. Tenemos potencial y Latas vacías lo demuestra con creces.
            Lo que destaca de este film es la forma con que se cuenta la historia. Todos los detalles están bien colocados, no parece que sobre nada. Un historia sencilla, redonda, con un final feliz. El protagonista, Alfonso ha sabido interpretar su papel, convence a los espectadores. Es un soñador como muchos paraguayos. Pero no un soñador codicioso. Solo quiere tener una vida dichosa, tener una casa, una familia. Un personaje que retrata al paraguayo que quiere salir de su pobreza, de su vertedero y pese a todo acaba siendo un afortunado.
            En Paraguay, la gente es experta en encontrar tesoros en los vertederos. La genialidad siempre estuvo en esta tierra. Los seres potenciales saben arreglarse con lo poco que tienen para crear una bella obra. Pensemos por ejemplo, en “Sonidos de la tierra”. Espero que Latas vacías sea el principio de un gran futuro cinematográfico. Ningún paraguayo debería dejar de verla.


Cristian David López


Trailer oficial de Latas vacías





           

miércoles, 3 de junio de 2015

Poetry Slam Oviedo

El sábado 27 de mayo, había participado en el “Poetry Slam Oviedo”, recital poético organizado por Llamazares Miguel, excelente músico y creo que también escribe poesía. Era la primera vez que asistía en algo parecido, en el que íbamos leyendo uno a uno nuestros poemas y luego los jurados votaban al que creía mejor. En verdad, fue muy divertido. Me lo he pasado de maravilla. La presentadora, carismática, supo captar la atención del público hasta el último momento.
El recital fue en el bar Per Se, un lugar especial para escuchar poesía y compartir entre amigos.
Me gusta que estas actividades se realicen en Oviedo. Que la poesía alce su voz, se haga escuchar y que deleite, que entre en la vida de las personas. Sin duda, da gusto un sábado así.  
A continuación les dejo el vídeo de mi lectura. El primero es la del poema "Víctor", el segundo, "Pat Garrett".




Tratado de identidad

  
   Un mes estudiando para los exámenes. Metiendo en mi pequeño cerebro datos, nombres, fechas, definiciones y rasgos fonéticos y versos y políptotos y  polisíndetons y ¡ah! muchas otras cosas que ya he olvidado y que tal vez nunca me habrían servido para sobrevivir en este mundo.
Después de tantos días de empollar, descubro que subí de peso casi cinco kilos. Los números no mienten, tal vez es la sabiduría la que pesa. Sí, señor. Menos mal, que a partir de ahora puedo dedicarme a beber literatura pura, como Tratado de identidad (Oblicuas, 2014), el nuevo de libro del joven poeta Miguel Floriano.  
Sin duda alguna, a Floriano, como a todo poeta, le gusta jugar con las palabras. Es una forma de descubrir lo que está oculto en la hoja en blanco, en la mente en blanco. Descubrimos en estas páginas poemas de amor y poemas que hablan sobre la propia poesía y la palabra, es decir, el acto del lenguaje; otros, los que más destaco, son irónicos, como este que copio a continuación:

IV. La madre
            Mother do you think they’ll drop the bomb?
            Mother do you think they’ll like this song?
            Mother do you think they’ll try
            to break my balls?
            Pink Floyd

Ya está bien. No te has comido
las lentejas –y eso que mira, hoy les eché
esa morcilla que siempre dices que no tienen,
que les falta–. Ya no sé
qué darte de comer, todos los días
arroz o pasta, nada más. Ni siquiera
te gusta el estofado. Tu cuarto,
para colmo, hecho una auténtica
leonera. Con esta vida que
llevas, hijo mío, no es posible
convivir: como no cambies dejaré
de comprarte libros de poesía.
  
           

            Es solo una muestra de las piezas valiosas que guarda Tratado de identidad. Un libro que hace que valga la pena tanta espera para leer literatura. 

martes, 19 de mayo de 2015

A mis soledades voy


Mediodía en Kensington Park
Javier Sánchez Menéndez
La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015


Mediodía en Kensington Park es el cuarto volumen de la serie Fábula que publica el poeta y editor Javier Sánchez Menéndez (Puerto Real, Cádiz, 1964). Son pequeños testimonios de breves momentos que abarcan desde el año 2008 al 2012, escritos en Cádiz y en Londres.
Acercándose a la línea diarista, a la reflexión, a la poesía, a veces, surrealista, Sánchez Menéndez nos cuenta su recorrido desde la primera página. Es fácil dejarse llevar por su prosa. Nadie puede resistir a la tentación de acompañarle en su viaje. Pero para este viaje hay que aceptar que la literatura se lee intuitivamente para que resulte placentera.  
El autor sabe cómo sorprendernos con lugares que visita porque también él se sorprende observando el mundo, como un niño al que todo le parece recién creado.
Un paisaje otoñal descubre en su recorrido “El aire ya ha cambiado”. Encuentra un gorrión herido y lo deposita en un tronco de olmo. Él también está herido. Por eso camina. Paseando se cura el alma.
            Un caminante al que no le abandonan los libros. “Los libros no se limpian, los libros se devoran, se leen”, “Las grandes obras nunca se acaban de leer”. Y ahora, mientras recorre las calles de Kensington, piensa en su infancia, a la que desea volver. En el fondo todavía se siente un niño: “El fin de este paseo es conocer al niño…”, confiesa. También la presencia de la madre ilumina de alguna manera la figura del poeta.  
            Pero donde más le gusta estar es en el parque, rodeado de árboles, de sombras, rodeado de sí mismo.  Así conversa consigo mismo. Al leer estas líneas, nos vienen a la mente los versos de Lope de Vega: “A mis soledades voy, / de mis soledades vengo, / porque para andar conmigo / me bastan mis pensamientos”.
            Sánchez Menéndez busca la dicha en el parque, en la soledad. En el parque se ampara de la muerte misma. En el parque no hay miedo porque allí está la vida, está la fuente.
            Lo bueno de este libro es que guarda, como un parque, alguna flor, alguna fuente de donde manan frases como estas:

“Es la palabra justa la que conduce al  poeta por el camino de la esencia”.
“Me encanta la forma que tienes de mover tus manos. Sacudes la vida y dejas caer el arte por el suelo”.
“La palabra es un mundo que hay que descubrir, y debes estar solo”.
“Arranco de la niebla una dulzura y el cristal, como la vida, se ilumina.”


[Reseña publicada en el Nº 4 de la revista Anáfora]

viernes, 8 de mayo de 2015

La lectura, esa bella adicción

           Como algunas personas, un libro te puede cambiar la vida. Ya entrábamos en el siglo XXI y en la escuela de mi comunidad Repatriación, en el interior del Paraguay, aún no teníamos libros. Yo aún no sabía lo mucho que me iba gustar leerlos. Estaba a punto de cumplir dieciocho años, cuando un día llegó un señor a mi pueblo y trajo consigo El Gran Gatsby, de Scott Fitzgerald. Al ver que yo miraba el libro con cara de hambre, me lo dejó. “Cuando lo acabes, me lo devuelves”, me dijo. Lo cogí cuidadosamente y le di la vuelta una y otra vez, como si estuviera sosteniendo en mis manos una delicada joya. Lo hojeé y lo olí como un perro, era un nuevo olor para mi olfato. Al principio a penas podía leerlo, no tenía mucha costumbre. Pero pronto cogí el ritmo y, aunque tardé varias semanas en leerlo, descubrí entonces que me había enamorado de la literatura y que ya nunca más podría estar sin ella. Algo mágico había surgido en mí después de acabar esa obra. La lectura es una droga, una bella adicción, pensé. Quedé con las ganas de seguir leyendo libros, pero no contábamos con biblioteca en toda la comunidad. Fui preguntando a la gente si sabía de alguien que tuviera un libro para prestármelo. Fue en vano. Los gobernantes parecen saber que la lectura es una forma de liberación, y no quieren que seamos libres. Saben que la ignorancia es una forma de encadenar, de silenciar a un pueblo. Saben que la lectura nos abre los ojos para ver verdaderamente el mundo. Pero poco pueden hacer contra la voluntad de unos jóvenes que realmente desean aprender.
 Al ver mi afán en la búsqueda, uno de mis profesores trajo en un diskette unas obras de Shakespeare; las había descargado de Internet. Yo las imprimí todas. En poco tiempo ya estaba citando algunos aforismos a mis amigos y se quedaban boquiabiertos. Entonces ellos también quisieron leer, y las copias fueron pasando de mano en mano, de clase en clase. Unos cuantos ya habían empezado a citar a Shakespeare y ni siquiera sabíamos pronunciar el nombre del gran dramaturgo. Me di cuenta entonces que no solamente yo tenía ganas de leer literatura. “Ya es hora de que tengamos una biblioteca”, dijimos. Nos surgió la idea de juntar firmas y hacer una solicitud a cada embajada que había en el Paraguay.
A las dos de la madrugada me subí en el único bus que llegaba hasta Asunción. Al llegar allí, busqué las embajadas y fui entregando mi solicitud. Pasó un año y nadie respondió. Habíamos perdido las esperanzas. “Al menos lo intentaste”, me consolaron mis compañeros. Pero un día, sonó el móvil. Nos llamaban desde la embajada de los Estados Unidos para donarnos una colección de los autores clásicos de habla inglesa. En la escuela y en la comunidad nos pusimos tan felices. No lo podíamos creer. Iba a ser la primera vez que venían unos gobernantes a traernos algo que no fueran promesas y falsas esperanzas. Les esperamos con danzas y cantos en la escuela. Y entonces llegaron los libros de Poe, Jack London, Whitman… Pero yo no los pude aprovechar. Enseguida emigré a Buenos Aires para ganarme la vida. Pero me iba feliz, sabía que en la comunidad teníamos ya una biblioteca, un tesoro muy valioso para la futura generación.
Hoy recuerdo que el profesor que me había pasado las copias de Shakespeare nos comentó un día en clase que el mejor libro de literatura era El Quijote. Yo me imaginaba que Don Quijote era un personaje impresionante y que algún día me gustaría ser como él de bueno. Recién en el 2008, cuando llegué a España, a Oviedo, pude ver por primera vez un ejemplar del Quijote, en el Campillín. Lo compré, regateando, por un euro, y aquella misma tarde me puse a leerlo, no solo por mí, sino por todos aquellos amigos que no pudieron hacerlo.
Me duele decirlo, pero como tantos jóvenes yo me escapé del analfabetismo al salir de mi tierra. No voy a negarlo, lo mejor que me ha pasado fue encontrarme con España, con Asturias, con Oviedo. Aquí encontré bibliotecas a mi alcance, puertas abiertas a los sueños. Gracias a ellas he aprendido a leer y ahora estoy aprendiendo a escribir.
Aunque es verdad que hay sabidurías que no se adquieren leyendo libros, sabidurías que no nos dan los gobernantes, que solo se aprenden pasando necesidades y todos esos momentos de nuestras vidas en los que podemos ver con más claridad nuestros sueños. El valor de las cosas se aprende mejor con el sudor de tu frente o, como se dice en Paraguay, “por las costillas”.  



Publicado en La Nueva España (5/5/2015)